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Pablo Portalo
Herrador

Hace varios años me llamaron para recortar los cascos de un burro.
Me explicaron que el animal estaba en una situación delicada. No podía permanecer de pie.
Sus cascos parecían cualquier cosa menos zona con la que mantener el equilibrio.
Su historia no era fácil
El propietario es un señor mayor con problemas, como la mayoría de las personas que mantienen burros para el trabajo.
El animal estuvo atado en la vega de un arroyo mucho tiempo, el dueño vivía solo y enfermo no podía atender al burro. Durante el largo periodo que el animal permaneció en el arroyo tuvo episodios de infosura, de otra forma es poco probable que los cascos se deterioren hasta ese punto.
Fue un trabajo difícil y laborioso pero con un final feliz.
Ahora el burro vive tranquilo, atendido por un familiar y con una decente calidad de vida.


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